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martes, 7 de abril de 2015

¡LOS SUPERHEROES TAMBIÉN SON ARGENTINOS!

Es una de tantas noches de sábado en algún lugar de la ciudad de Buenos Aires... 

Caminás aburrido por una de las iluminadas avenidas y tus pasos te van dirigiendo de manera cansina hacia algún sitio en donde se te haga menos insoportable la cotidianidad que abruma tú existencia. Mientras mirás con deleite mal disimulado a las voluptuosas mujeres que pasan a tu lado, volvés a preguntarte que es lo que vas a hacer a continuación.

Súbitamente, tu ensoñación se verá sacudida por el sonido de un trueno desgarrador y gritos de una pelea.

¿Un accidente?... 

¿Un robo?... 

¿Un reclamo social?...

Cuando por fin lográs arribar al sitio en donde se ha producido el misterioso descalabro comprobás asombrado que no se trata de nada de lo que te habías imaginado.

A pocos metros de donde te encontrás, en un bar de mala muerte, El Cazador Sonoman están discutiendo con un mozo por el precio de un par de cafés de porquería… ¡que encima venia sin medialunas!. 

Mientras intentás recuperarte de la sorpresa, comenzás a pensar que si el haber leído tantos cómics a lo largo de tu vida no te ha vuelto totalmente loco. Pero, luego de desechar tus posibles problemas mentales, finalmente te sonreís y, con orgullo, le comentás al tipo que tenés a tu lado:- 

-¡No cabe ninguna duda que los superhéroes también son argentinos!

Si bien es sabido que el superhéroe es un concepto de origen yanki, en el pasado y el presente del universo comiquero nacional han existido toda una serie de personajes que, cubriendo sus anatomías con calzoncillos y pijamas de colores, volaban por los cielos de nuestra patria impartiendo justicia y combatiendo a los malos de turno. 

Sin tomar en cuenta al que probablemente pueda ser considerado como el primer superhéroe local, al que todos conocemos como Patoruzú -del cual escribiré un detallado artículo en un futuro artículo- la historia de los vigilantes argentos puede remontarse al año 1939 con la aparición, en la revista El Gorrión, de El Vengador.

El mismo era una suerte de Batman porteño que, con mucho humor y valentía, luchaba contra las fuerzas del mal, llegando incluso a matar a quienes se trataban de enfrentarlo. Como no podía ser de otra forma, un joven pseudo Robin apodado El Gorrión se transformaría en su compañero de aventuras. 

Los dibujos estuvieron a cargo de varios dibujantes, entre ellos su creador Raúl M. Rosarivo, aunque merece destacarse el trabajo realizado por un joven Alberto Breccia durante el periodo comprendido entre 1940 y 1946. Posteriormente, las andanzas de este enmascarado pasarían a las páginas de la revista Puño Fuerte hasta su cancelación en el año 1954.
Si bien El Vengador fue uno de los primeros superhéroes vernáculos, hubo otro que se transformaría de manera casi inmediata en uno de los grandes iconos de la historieta de aventuras.

A fines de la Segunda Guerra Mundial, debido a la destrucción de Hiroshima y Nagazaki,  la era atómica inició su andadura por todo el mundo despertando por igual el miedo y la imaginación de todos los habitantes de nuestro sufrido planeta. De manos de todo eso, los libros de ciencia ficción y las revistas de superhéroes se nutrieron de toda una serie de historias en donde este nuevo tipo de energía cobraba una importancia fundamental.

A mediados de la década del 40, la Editorial Abril sacó al ruedo la revista Salgari, en la cual se publicaba material proveniente del mercado europeo. En un intento por competir con la señera Patoruzito de Dante Quinterno, los editores de la misma trataron de crear un personaje que se pudiera transformar en la imagen de la casa. Fue así como vio la luz, en el número 33 con fecha de junio de 1947, un nuevo superhéroe que sería conocido con el nombre de Misterix.

El científico Lord John Trevor se transformará en un muy particular justiciero que, gracias al uso de una pila atómica que se encuentra en su cinturón y un arma de rayos de similares características, combatirá a maleantes como el Doctor Bios, Phystos, el capitán Wasser y su peor enemigo, su mismísimo hermano Takos que desea todo lo que nuestro héroe posee… incluso su esposa Jolly (¡Miralo vos al guachin!).

Creada por Massimo Garnier y Paolo Campani y publicada originalmente en Italia, Misterix se ganó un puesto de honor en el gusto de los lectores argentinos. Los guiones estuvieron a cargo de Alberto Ongaro, un escritor de novelas policiales, y los dibujos siguieron siendo de Campani que, durante cinco años, envió desde Italia todo el trabajo que le era mandado desde la Argentina. Posteriormente, el apartado gráfico corrió por cuenta de Eugenio Zoppi y Lito Fernández.
Los años sesenta y setenta fueron dos décadas particularmente interesantes en lo que respecta a este género y ello se debió mucho a las publicaciones de la extinta Editorial Novaro, la por entonces novedosa explosión Marvel  y, por supuesto, la entrañable serie de Batman.

Tratando de ir en un orden más o menos cronológico, en 1964 la Editorial Dayca publicó dos productos superheroicos que fueron realizados al mejor estilo del comic americano. Lo más notable de ellos era que contaban con guiones del maestro Hector Germán Oesterheld (que escribía bajo el seudónimo de Ali Whebe) y dibujos de Eugenio Zoppi

El primero de ellos se llamaba Futureman, una suerte de vigilante espacio temporal proveniente del siglo 25, que acude en ayuda del necesitado usando para ello una máquina del tiempo. Si bien no poseía poderes se valía de la alta tecnología para llevar a cabo su cruzada. Otros dibujantes que intervinieron en la serie fueron Lito Fernandez, Nestor Peña, Pedro Bass y Garcia Murillo.

El segundo título, que se encontraba más emparentado con el concepto presente en los comics de Batman, contaba las aventuras del abogado Flash Dexter que cambiaba sus ropas por las del defensor de la justicia conocido como Birdman -Cualquier parecido con el personaje de Hanna Barbera o la película de Michael Keaton es pura coincidencia-. Aparte de Zoppi estuvieron a cargo de los dibujos Lito Fernandez, Pedro Bass y Amadeo Abalo.

Lamentablemente, la aparición de dichas publicaciones en los kioscos fue efímera, pero no por ello puede ser dejada de lado. 

Otro héroe de mi infancia fue sin duda el mucho más que trucho (pero querido) héroe conocido como Supervolador. En un principio las aventuras del mismo eran simplemente historias que eran tomadas “prestadas” de los comics de Superman publicados por Editorial DC, por las cuales José Alegre Asmar (editor de la Editorial Gente Joven) no pagó un peso, e historias apócrifas realizadas por guionistas y dibujantes argentinos (Jorge Morhain y Enio Leguizamón) entre las que se destacaba Superman en Buenos Aires. El primer número hizo su aparición en los kioscos en febrero de 1965.

A instancias de un inminente juicio por parte de King Features Syndicate (distribuidora en la Argentina del héroe de Krypton), se decidió realizar algunos cambios con el fin de evitar los problemas que todo eso acarrearía. Fue así como vieron la luz una serie de clones supermanianos como El Capitán Tornado, Titan y, por supuesto, Supervolador.

Con respecto a este último, que en cierta forma escapaba a los cánones establecidos en torno al hombre de acero, sus historias se emparentaban mucho más con la ciencia ficción que con el género superheroico. 

Alarmados por el futuro de los habitantes de la Tierra, los grandes sabios del planeta Ultrón ponen en manos del abogado Jet Carson un cinturón que le otorgará grandes poderes. A lo largo de las publicaciones nuestro héroe deberá enfrentarse a villanos de la talla de El Supremo y Los Genios del Mal del planeta Malignus.

Los guiones fueron realizados por Sergio Almendro, Dominguez, J. Dax, Adri Ledezma y Pich, en tanto que el apartado gráfico estuvo a cargo de David Mangiarotti, Gustavo Trigo (con el seudónimo de Marcos Adán), F. Lima y un joven llamado Horacio Altuna.

Si bien las aventuras no eran el paradigma de la calidad, yo aún me recuerdo llevando un cinturón que poseía una gran hebilla y que, en mi imaginación, le creía poseedor de un gran poder. 

La saga de Supervolador concluyó en 1966, pero en 1971 ediciones Mo.Pa.Sa se encargó de reeditar el material, al que sumó nuevas historias realizadas por Jorge y Mario Morhain.

Por esos años también debemos destacar las historietas publicadas en la revista Voss en donde podíamos disfrutar las aventuras de los B-Men, El Puma y Snowman, en donde lo novedoso del asunto era que algunos capítulos estaban dibujados con el sistema 3-D… o sea que para leerlos tenías que ponerte unos anteojitos especiales que te dejaban poco menos que ciego y te daban un terrible dolor de cabeza... ¡Pero te permitían ver a los superhéroes salir de las paginas! 

Si bien los anteriormente nombrados pusieron su impronta entre los lectores jóvenes, por esos años existieron dos superhéroes bien argentinos que, desde puntos de vista diferentes en lo que refería a su concepto, atrajeron la atención de todos los chicos.

El primero de ellos fue Sonoman, el hombre del poder músico mental, un intento por crear material nacional que estuviera dedicado al próspero negocio de los comics de superhéroes.

Este personaje poseía las características típicas del vigilante disfrazado de origen americano de esos tiempos pero en Sonoman se hallaba mucho más desarrollada la humanidad del mismo y, debido a ello, sus aventuras se diferenciaban de los argumentos de corte aventurero que eran típicos en las historietas foráneas. 

En la misma nos es narrada la historia de León Hamilton III que se verá transformado en el poseedor, debido a la intervención de los habitantes del planeta Sona, del increíble poder músico mental. Esta increíble habilidad para manipular el sonido de diferentes formas le permitirá enfrentar a unos muy curiosos villanos entre los que se encontraban Los Ukas, Espectro, Capitán Pesadilla, Doctor Sombra, Condesa Domina, El Ráfaga, el Hombre Museo, Mesie Rob-bots y muchos otros más. 
También es de destacar la gran variedad de personajes secundarios que acompañaban al héroe y se encargaban de enriquecer sus aventuras, entre los que podemos nombrar a Jasper el mayordomo, el periodista Primeras Planas, Pólvora Lin, un boxeador apodado el Tanque, el cantante de rock Chingololo, el profesor Zork y la eterna enamorada de nuestro héroe: Lili Alegría.

El creador de todo ese universo heroico fue nada menos que el recientemente fallecido maestro Oswald, quien no se encontraba precisamente a gusto con este personaje pero que aun así se encargó de ofrecernos un producto que ha resultado ser inolvidable para todos aquellos que tuvimos la oportunidad de leerlo durante nuestra infancia. (1) 

Sus primeras historias fueron publicadas en Diciembre de 1966 por la revista Anteojito, en forma de aventuras continuadas que llegarían a durar 10 años y, posteriormente, pasó a formar parte de las páginas de la revista Antifaz a partir de noviembre de 1975, esta vez en capítulos completos. 

En ese mismo año obtuvo su propia colección, la cual fue editada por Editorial De La Urraca, en donde fueron remontadas las historias aparecidas en Anteojito, a las que se le agregó material nuevo que fue realizado por el mismísimo Oswal. Lamentablemente esta publicación no duraría más allá de dos números.

Años más tarde volvería al ruedo en el suplemento La Hojita (junto con el Mago Fafa, en 1979), Humi (Editorial De La Urraca-1983-) y finalmente retornaría a la revista Anteojito en 1993, en donde incluso se llegó a reformular al personaje. En tiempos más recientes, la Editorial De La Flor publicó en librerías y comiquerías dos libros en las cuales han sido recopiladas algunas de las aventuras de este personaje.
El segundo héroe nacional de importancia llegó a nuestras vidas gracias a la inspirada creación de un gallego de Almería que, a los 15 años de edad, emigró a la Argentina y que terminaría siendo admirado por toda una generación de chicos: Manuel García Ferré.

Su personaje, cuya primera aparición se daría en Las Aventuras de Pi-Pio que se publicaban en la revista Billiken (1955), era un niño huérfano poseedor de un gran “sombreritus” que le otorgaba enormes poderes mágicos que le ayudaba a defender a la ciudad de Trulala de los maquiavélicos planes del Profesor Neurus (¡¡Bwajajaja!!) y sus compinches. 
Como todos ya deben estar suponiendo, ese niñito no era otro que Hijitus -y su alter ego superheroico conocido como Super Hijitus- que, junto a toda una caterva de estrafalarios y carismáticos personajes -entre los que se encontraban Largirucho, Pichichus, Oaky, Goldsilver, el comisario, Pucho, Serruchola Bruja Cachavacha, Kechum, el Boxitracio, Dedo Negro, El Gran Hampa, La Marañasa, Truku, Raymundo y la vecinita de enfrente-, harían las delicias de todos los niños... incluso los de nuestra actualidad. (2) 

La primera aventura animada de Hijitus dio inicio allá por 1967 en el Canal 13 de la televisión argentina, con guiones a cargo de Inés Goldstein, Nestor D´Alessandro y García Ferré. Su formato era el de un corto diario que luego eran fusionados en un episodio único que era emitido en el programa El Club de Hijitus los días domingo. En 1973 se realizó una recopilación de 3 episodios en un largometraje a todo color que fue estrenado con gran éxito en los cines de todo el país.

La primera aparición en el formato de historieta fue en las páginas de la revista revista Antifaz en el año 1968. Un año más tarde la Editorial Julio Korn y Producciones García Ferré comenzaron a publicar Las Aventuras de Hijitus, una edición en formato apaisado que duraría la más que envidiable cantidad de 210 números, la cual contó con los dibujos de Nelo Palmioli y Rafael Bossio.
Hijitus y su fantástico universo se transformaría en un producto multimediático que anticiparía en unos cuantos años a una moda que resulta muy común en nuestra actualidad. Todo eso generaría un copioso merchandising en el que estarían incluidos chicles, chocolatines, muñequitos (entre ellos los Jack), figuritas, juguetes, artículos de perfumería y el no menos famoso Nutri Super Hijitus, un polvo de chocolate que si lo tomabas disuelto con leche podías llegar a obtener una fuerza descomunal.

Y damos un salto temporal hasta fines de los 80 y principio de los 90, en donde entran en escena otros héroes que se encargarían de marcar las tendencias del género en nuestro país. 

En 1988, el fanzine Arkhan publicaría el cómic de un héroe que se hallaba fuertemente influenciado por el Batman recreado por Frank Miller luego de Crisis en Tierras Infinitas, el cual sería conocido como El Cazador. El argumento giraba en torno a la historia de un científico de la NASA llamado Robert Howard cuya familia había sido asesinada, un desgraciado evento que lo llevará a transformarse en un oscuro vengador enmascarado. Entre agosto y noviembre de 1990 fue publicada una miniserie en 3 partes con el título de “Las Sombras del Apocalipsis” en las revistas El Reo y Comic Magazine.

En 1992, las aventuras de este personaje se pondrían bajo la tutela de la por entonces importante Ediciones De La Urraca con una nueva serie de historias que eran diametralmente opuestas a las anteriores.

Inspirándose esta vez en el duro personaje de DC conocido como Lobo y en las creaciones artísticas del dibujante Simon Bisley, el staff integrado por Claudio Ramírez, Jorge Lucas, Ariel Olivetti y Mauro Cascioli reformularon la idiosincrasia del personaje tranformándolo en un tipo duro, descerebrado e hincha de Racing que va por el mundo insultando, peleando, machacando y matando (no siempre en ese orden) a quien se atreva a ponérsele por delante. 

Había nacido El Cazador de Aventuras

En los primeros 10 o 12 números los argumentos eran bastante divertidos. A lo largo de sus bizarras aventuras, en donde imperaba una mirada cruel, irónica y sangrienta sobre las realidades de nuestro país y, sobre todo, del ambiente comiquero, nuestro brutísimo ¿superhéroe? hacía de las suyas sin importarle absolutamente nada las consecuencias que podían acarrear sus actos intempestivos. 

Por sus páginas desfilaron varios personajes de nuestra realidad, entre ellos Maradona y “Mendes”, y del fantástico mundo de los cómics y la literatura, como Hijitus, Sonoman, Los Cuatro Fantásticos, Patoruzú, Superman, Melkor y un largo etcétera. 

Luego de una serie de historias autoconclusivas que fueron publicadas en la revista Comiqueando, El Cazador volvió a los kioscos con título propio y a todo color en el año 1995. Cinco años más tarde, Mauro Cascioli retomó la posta y en 2010, Jorge Lucas y Claudio Ramírez se encargaron de autoeditar una cuarta temporada de la misma.

Lamentablemente, el paso del tiempo y la creciente falta de ideas irían desvirtuando este producto, logrando captar únicamente al incauto lector que no sabía bien de que iba la cosa y se dejaba llevar por la gran calidad impuesta en las ilustraciones presentes en las portadas de dichas publicaciones. 
Pero El Cazador no fue el último héroe que caminó por nuestras pampas ya que otros personajes también se encargaron de defender en mayor o menor grado a los débiles y oprimidos de las fuerzas del mal. Entre ellos puedo nombrar a:-

 -Animal Urbano: una creación de Edu Molina, que contaba con guiones de Guillermo Grillo. Sus aventuras nos cuentan la historia de Juancho Aníbal García, un trabajador portuario desaparecido por la dictadura militar de 1976 que vuelve a la vida como un monstruoso superhéroe. Este personaje fue editado por Furor Historietas en 1993, Editorial Imaginador en 1997 y también tuvo una publicación con título propio dos años más tarde. 
-El Ojo Blindado: este superhéroe, que obtenía sus poderes mentales gracias al sexo, fue una creación de Waccio Zkater. Su primera publicación, bajo el sello de Comic Press, data de noviembre de 1997. 
-El Laucha: con guiones José Luis Nacci y el amigo Andrés Accorsi y dibujos de Omar Francia, estas publicaciones fueron editadas por el Taller Olivetti entre 1996 y 1997.
-Tr3s Historias: se trataba de una publicación del sello Furor Comics que contenía las aventuras de Shamana (a cargo de Sanyú), Sombra Mutante (Lucas) y Voltacto (Solrac). Lamentablemente tan solo salieron 3 números, aunque el personaje de Voltacto obtendría título propio en julio de 1993. 

-Megamán: un superhéroe al mejor estilo Superman, creación de Fernando Calvi, pero con una impronta tal que logró transformarlo en un personaje de culto entre los fans. 
-Bruno Helmet: un exasesino que, vestido con una indestructible armadura de origen celestial, castiga a los corruptos que pueblan la ciudad de Buenos Aires… ¡Va a tener mucho trabajo el pibe!. También es una creación de Calvi.

-Mitofauno: publicado a fin de los 90, este personaje fue creado de Pedro Lelpi  (guiones) y Gonzalo García Rodriguez (guión y dibujos).

-Mikilo: esta publicación de 1999, que contaba con guiones de Rafael Cursi y dibujos de Marcelo Basile y Tomás Coggiola, nos narra una versión superheroica de una vieja leyenda indígena del norte argentino. 
-Sperman, el hombre del sexo de hierro: en un tono emparentado con el humor, el genial Roberto Fontanarrosa creó un superhéroe que, junto a su ayudante Germinal… un espermatozoide parlante, se encargaba de llevar alegría a todas las mujeres del mundo, luchar contra la frígida Icewoman y detener a ladrones de bancos… de semen. La misma fue publicada en la revista Fierro a partir de abril de 1985.
-Caos Cómic: esta extrañísima e interesante historia, fue una inspirada creación del guionista Eduardo Mazzitelli y el dibujante Quique Alcatena. En la misma, nos encontramos con un grupo de superhéroes y supervillanos, desarrollados al mejor estilo de La Patrulla Condenada de Grant Morrison, que deberán enfrentarse entre sí para que la realidad de sus historias imaginarias no destruya el entramado del universo en donde viven sus existencias los autores del comic. La misma fue publicada en 4 capítulos por la revista El Tajo a comienzos de los 90 y posteriormente fue editada en formato único por Kapop.  
-El Caballero Rojo: este héroe creado por Tony Torres y Mariano Navarro, que resulta ser un evidente “homenaje” a El Fantasma de Lee Folk, fue inicialmente publicado en la revista Comiqueando en 1997. El interés de los lectores por el personaje le permitió obtener su propio título, en donde incluso se pudo apreciar el aporte creativo de algunos artistas invitados como lo fueron Francisco Solano López, Horacio Lalia y Eduardo Risso.
Para evitar que me tilden de misógino, hago destacar que también el mundo superheroico nacional contó entre sus filas con una heroína que llegaría a convertirse en un personaje exitoso a lo largo de todo el mundo… y cuyo concepto argumental sería incluso “tomado prestado” por un famoso director norteamericano.

Por supuesto, estamos hablando de Cybersix.

Nacida de un fallido experimento genético realizado por un científico nazi, Cybersix es el único sobreviviente de su especie y se verá transformada en una extraordinaria heroína que luchará contra su creador y sus malignas creaciones en la imaginaria ciudad de Meridiana, en donde adoptará la personalidad secreta de Adrian Seidelman (¡Si, un hombre!) un profesor de literatura. En su cruzada será ayudado por una pantera con un cerebro de cyber llamada Data-7 y su amado Lucas Amato.

Los guiones de esta creación estuvieron a cargo de Carlos Trillo y las ilustraciones fueron realizadas por el magnífico Carlos Meglia. Su primera aparición fue en la revista italiana Skorpio (Eura Editoriale) en el año 1991 y posteriormente sería editada en Francia y España. En nuestras tierras hizo su aparición en Puertitas # 33 (4/1993) y un año más tarde obtendría su título propio. 

En 1995 se publicarían ediciones especiales del personaje bajo los títulos Meridiana Blues, El Libro de la Bestia, Secuestro en Meridiana y Chip Woman y también hizo su aparición entre los números 10 y 19 de la extinta Comiqueando.
Cybersix no se contentó con permanecer en las páginas de los comics sino que llegó a trascender al campo de la televisión con una serie de dibujos animados (co-producción entre Canada y Japón), una serie televisiva de muy corta duración (esa en la que aparecía Carolina Peleritti) y el descarado robo perpetrado por James Cameron con la serie Dark Angel.

Sin duda alguna hemos recorrido un largo camino en la historia de los comics de superhéroes argentinos. Bien o mal realizados, los mismos se encargaron de forjar nuestros gustos comiqueros en las diferentes épocas en los cuales fueron realizados.

Y, ahora que conocés un poco más sobre la historia heroica nacional, no es necesario que te sorprendas si una tardecita de domingo llegás a verlos a Hijitus y a Supervolador tomándose unos mates con bizcochitos de grasa en alguna plaza de tu barrio, mientras comentan sus pasadas aventuras... 
¡PORQUE LOS SUPERHEROES TAMBIEN SON ARGENTINOS!   

NOTAS:

(1)-A pesar de no comulgar mucho con los superhéroes, Oswal se encargó de crear algunos años después una par de personajes englobados dentro de esta premisa argumental: El Espíritu de Mascarín (Chaupinela- 1975) y Skorpio (Skorpio -1974), esta última con guiones de Ray Collins.

(2)-En las mañanas del Canal 13 aun podemos ver algunos episodios de Las Aventuras de Hijitus e incluso el diario Clarin se encargó de editar material de la revista en una edición a todo color.

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